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Cuando todo se haya perdido, nos quedará el Derecho Romano

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  No. Esta frase no es de ningún jurista clásico ni de un romanista con muchos años de estudio a su espalda. Ni siquiera de un profesor de Derecho Romano, estudioso de la materia y apasionado del Digesto. La frase es mía, un perpetuo aprendiz con gran curiosidad sobre todo lo que gira en torno al mundo jurídico y al que se le dio la oportunidad hace un año de volver al Derecho Romano. Y escribo volver con intención, con animus . Porque mi aproximación al mundo que nos legó Justiniano, al recopilar todo el conocimiento jurídico clásico, fue como una vuelta al primer amor (Carlos Gardel dixit ). Fue un regreso a aquellas inolvidables clases del profesor Murga, a las cuatro de la tarde y en el Aula III de Químicas de la antigua Fábrica de Tabacos. Clases abarrotadas, porque no sólo acudíamos los pipiolos de primero de Derecho en nuestros primeros paseos por la Facultad, sino también numerosas personas mayores [1] que venían sólo a escucharle y después se marchaban y a quienes, cu...

A mis alumnos del próximo curso

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          Mis alumnos del curso que viene están terminando estos días la PEvAU, a la que los de mi generación todavía llamamos Selectividad . Muchos llegan con notas de Bachillerato muy altas y, tras la prueba de acceso, presentarán medias que invitan al optimismo cuando no a la alegría desmesurada. Piensa uno que va a trabajar con el mejor material humano, y es verdad, y que tiene la obligación de estar al cien por cien para corresponder a estudiantes tan potentes. Empleo esta palabra en el sentido filosófico del término, es decir, son estudiantes que pueden llegar lejos, que encierran muchas virtudes académicas. No olvidemos que son tres las potencias del alma que han de ejercitar: entendimiento, voluntad y memoria. «¿Estaré a la altura?, ¿les gustará mi asignatura?, ¿conseguiré mantener su atención durante el curso?, ¿tendré muchos candidatos a la Matrícula de Honor?», me pregunta el profesor que quiero ser. El profesor que soy debe leer este artículo a dia...

Cuando nadie nos ve

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¿Qué hacen los profesores cuando termina el curso y ponen sus calificaciones? Pues, normalmente, estudiar, con permiso de las obligaciones burocráticas, claro. La vida de los profesores cambia radicalmente al terminar el periodo docente, a veces concentrado en un cuatrimestre. El resto del año debería ser para estudiar y publicar, como dice Pomponio que hacía el gran Labeón, fundador de la escuela proculeyana: Totum annum ita diviserat, ut Romae sex mensibus cum studiosis esset, sex mensibus secederet et conscribendis libris operam daret , D. 1,2,2,47, Pomp. enchir ., “Había dividido el año de modo que estaba seis meses en Roma con sus discípulos y los otros seis meses se retiraba y se daba a la tarea de componer sus obras”. Si observamos el texto de Pomponio, vemos que se resalta el deseable equilibrio -incluso temporal- entre las dos tareas fundamentales del estudioso: enseñar y crear. La primera la hacía el jurista en Roma, en pleno bullicio de la Urbe, rodeado de sus discípulos y d...

Una experiencia personal

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              Me inicié en los estudios de latín y griego en el Bachillerato. Se me abrió una realidad hasta entonces ignota y profunda. El adolescente de quince años que yo era había oído hablar del latín, mal: “lengua de curas; difícil; no vale para nada”; y otros despropósitos que se perpetúan con una apabullante falta de originalidad.             Todo aquel andamiaje de “absurdeces” se desmoronó en los primeros meses de clase: la lengua latina, la historia de Roma, sus logros y conquistas de cualquier orden, ¡eran los nuestros!             Tanto me impactó aquel descubrimiento que quise saber más; y, tras acabar el bachillerato, estudié y me licencié en Filología Clásica. Confirmé lo que ya sabía, pero ampliado y corregido con el arte, la mitología, la ciencia…; por ejemplo, sus obras de ingeniería, que conectar...

¡Feliz curso!

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  Hace no demasiado tiempo, por los pasillos de nuestras facultades de Derecho y, ni qué decir tiene, asimismo en las cafeterías universitarias, espacios (ambos) igual de frecuentados que las aulas por los estudiantes, era muy habitual en determinados momentos del curso escuchar o vocear el ocurrente dicho de que no hay verano sin Romano . Eran otros tiempos, claro, aquellos pertenecientes al Plan de Estudios de 1953 que concernía a la Licenciatura en Derecho, que la llegada del nuevo milenio se encargó –inteligentemente o no, ésa sería otra cuestión– de darle un descanso y relevo. En Derecho, en el primer año, solo se estudiaban cuatro asignaturas, todas de carácter anual y con un importante número de horas semanales: Historia del Derecho, Derecho Político (el Derecho Constitucional de la actualidad), Derecho Natural (hoy desaparecida) y Derecho Romano. Era el Romano, desde luego, el hueso de primero de Derecho, por su amplitud y complejidad, la considerable presencia del latín y...

El sobresaliente de María

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                 Aprobar una asignatura suele implicar mucho de esfuerzo y algo de suerte. Más esfuerzo y más suerte requiere alcanzar notas más elevadas. Sin embargo, esfuerzo y suerte van de la mano. Con la suerte, solamente, no se saca adelante casi nada, porque por mucho que nos caiga un examen sencillo, si no hay estudio detrás poco se puede hacer. Además, es falso que haya exámenes sencillos, pues si se preguntan cosas básicas el margen tolerable de error es mucho más bajo que si se plantean cuestiones más complejas. Por otra parte, el esfuerzo abre las puertas de la suerte, es decir, amplía las posibilidades de que nos sintamos afortunados con lo que se ha preguntado, por la sencilla razón de que habíamos comprado muchas papeletas a la luz del flexo.                   Vamos a centrarnos en el esfuerzo, entonces, que es la clave del éxito. Hay persona...

De la UPO a la Fiscalía, pasando por Roma

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       Tras la sequía del 92 al 97 y después de superar los cinco suspensos que me dieron en junio en COU, logré entrar en la Licenciatura de Derecho, en septiembre de 1997. Ya ha llovido, aunque la gente del campo siempre ponemos pegas a ese asunto, por exceso o por defecto.      M i nombre es Antonio José Muñiz Antequera, soy Licenciado en Derecho por la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, y Fiscal desde el año 2008. Actualmente desarrollo mi profesión en la Fiscalía de Área de Dos Hermanas. Además, desde el año 2011, soy también Profesor Asociado de Derecho Procesal Penal, en la UPO.         Desde mi profundo aprecio, admiración y respeto a mi maestro y amigo D. Bernardo Periñán, os dejo algunas remembranzas de mi etapa universitaria, encadenándolas con algunas reflexiones como Fiscal.           Recuerdo con precisión que en el Aula 2 del Edificio 7, en la primera fila, nos sentábamos por e...